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miércoles, 30 de marzo de 2011

forÅr

Hoy volviendo en bici a casa, he visto al primer piragüista de la temporada practicando en el pedazo de mar que separa la isla de Amager del centro de Copenhague. Al llegar a casa, había huevos de pascua escondidos por todas partes (aún no los he encontrado todos) y sobre la mesa, dos preciosas flores de Gerbera luciendo sus mejores galas.
Poco a poco y sin darnos cuenta, llega la primavera a Dinamarca.
Despacito, pero con buena letra.

Ana*

domingo, 27 de marzo de 2011

El trascurrir de un segundo

Las visitas son maravillosas. Aparecen un día con un pequeño atillo como toda pertenencia y se proponen compartir contigo un pedazo de su tiempo.
LLegan con una energía desbordante, todo el mundo sabe que el tiempo de los viajes está reconcentrado y por ello es más intenso que el tiempo que pasa en la vida normal. Aquello de que "el tiempo es oro" se inventó en un largo viaje.
Te contagian de su querer pasear, ver, vivir, hablar, reír, comer y visitar y en medio segundo te ves envuelto en un torbellino de actividades.
Tú, contagiado de esa energía, les subes, les bajas, les llevas y les traes por tus rincones favoritos de la ciudad con la probablemente inconsciente esperanza de que decidan quedarse contigo y no regresar a ese lugar del que provienen.
Pero como siempre que uno se lo pasa bien, el tiempo además de ser más intenso, parece transcurrir muchísimo más rápido, y entonces uno se despierta de repente de ese sueño y vuelve a su trascurrir lento; ya todos se han ido, el tiempo vuelve a fluir despacio.
Desde el sofá, disfrutamos de ese dulce sabor que nos a dejado la visita, agotados, pero impacientes porque todo vuelva a repetirse.

martes, 15 de marzo de 2011

Abrigos negros para días grises

Un viejo dicho danés dice que en este país solo hay dos temas de que pueden discutirse hasta el fin de los días: los impuesto y el tiempo para día siguiente. Bien, como yo de impuesto no puedo hablar mucho ( Yo soy un pobre estudiante, pero puede que Ana pueda contar un par de batallitas por la oficina de Taxes) tendré que remitirme al otro tema.

Por fin está llegando la primavera y aunque algunos de nuestros invitados recientes se quejen del insoportable frío, nosotros estamos muy contentos olvidarnos del horrible signo - delante del número de grados. Por ello quizás, o quizás porque nuestro cerebro ha salido del estado de hibernación, hemos resuelto un gran misterio que llevaba tiempo azotándonos (No, no es el del pollo, eso es un enigma irresoluble) ¿Por qué los Daneses llevan abrigos negros?

Desde que llegamos aquí en septiembre y con las visitas que hemos tenido, hemos ido corroborando que la moda aquí es llevar un abrigo, chaqueta, plumas, lo que sea de color negro. Eso unido a la escasez de días soleados no hacía que pasear por la calle fuera un festival de colores. Nosotros al principio lo asumimos como elegancia nórdica, pero una vez visto estrafalarios modelos en negro, pensamos que debía ser otra cosa...pero él qué?

Como bien decía antes, la primavera está llegando y como toda primavera en cualquier país del mundo, es un estación engañosa. Así pues el miércoles pasado lucía un radiante sol y las agencias meteorológica prometían una estupenda subida de temperaturas para ese día. Yo, cansado de utilizar durante 4 meses los dos abrigos que tengo, decidí que ya era hora de ponerme esa chaqueta negra de entretiempo... Oh pobre de mí. Al salir a la calle sentí un horrible viento que helaba mi cara y mis manos "una mala racha de viento" pensé. Pero mis peores temores se vieron hechos realidad cuando en la estación de tren pudo vislumbrar un termómetro que indicaba 1 grado!!! Maldije mi mala decisión y busque resguardo en uno de los rayos de sol que caían sobre la estación. Fue entonces cuando lo note. Pues allí, cara al sol, como un lagarto, un repentino y agradable calorcito empezó extenderse por mi cuerpo. Era la chaqueta negra!!! Mira que nos lo dijeron veces en biología de segundo de la ESO, el color negro absorbe todo el haz de luz y por eso todos los radiadores deberían estar pintadas de negros. Así que como un radiador pintado de negro, me quede allí esperando el tren, pensando que después de pasar un invierno nórdico uno empieza a pensar en nórdico.